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Fuerza mayor: ¿Por qué lloramos?

Fuerza Mayor VI

No miento si afirmo desde ya que Fuerza Mayor (Turist, Ruben Östlund, 2014) es una de las mejores películas que vamos a ver en el presente año. Muy probablemente termine siendo uno de los títulos que compongan nuestra lista del mejor cine independiente al final de año, pero, por el momento, mejor tomarlo con calma y centrarnos únicamente en el ahora, porque la cinta, que en principio se alza como un sencillo drama familiar, pronto se revela como mucho más, al explorar los rincones más recónditos de la mente humana. Esos a los que tan difícil parece llegar, que tanto nos esmeramos en mantener ocultos a ojos de los demás ––incluso de hacerlo a ojos propios–– pero que al mismo tiempo tanta fuerza ejercen en el interior de nuestro ser, pues forman parte indivisible de la condición humana.

En este aspecto, en indagar hasta los más profundos pensamientos, el film realiza una magnifica labor. Si la historia se decanta por los quehaceres antes mencionados en cuanto a sus personajes, la película hace lo propio con el espectador mismo. O al menos así hizo con un servidor.

Fuerza Mayor I

Tres aspectos claves en este sentido. El primero es la nacionalidad del film: Suecia. Bien, a esto podríamos catalogarlo de diferencias culturales, sociológicas, geográficas o de cualquier otra excusa que se nos venga a la mente, pero lo cierto es que cada vez que me planto frente a una película cuya nacionalidad radica en alguna zona del norte de Europa, su visionado siempre despierta en mi la misma impresión: es una sociedad distinta la que tengo frente a mi. Otra forma de entender las relaciones humanas. Los actores y los personajes que los interpretan, los diálogos, su forma de comportarse, de actuar, de hablar y relacionarse dista de la nuestra. Nada del otro mundo, en realidad, sino que estoy haciendo referencia a pequeños matices que otros pasarán completamente inadvertidos. O así es a mi entender. Pues a nivel personal tiendo a clavar mi mirada en todos esos pequeños detalles, tanto en la ficción como en la vida real. Quizá por ello me llame tanto la atención este punto. Segundo, y muy en sintonía con el punto anterior, este tipo de cine parece hacer uso ––en muchas ocasiones–– de una gran carga psicológica en el desarrollo de sus personajes y su historia, así como de ciertos códigos o elementos en su narrativa que en ocasiones siento que escapan a mi percepción y a mi completa compresión.

La combinación de estos dos puntos provoca en mi cierto distanciamiento. Me siento inferior al film e incapaz de simpatizar con la idea que intenta trasmitir a niveles que van más allá de lo superficial. Como si ya de antemano no estuviese capacitado para poder entender la totalidad de lo que sucede en pantalla. Como si esas últimas líneas de información estuviesen reservadas tan solo a sus compatriotas del norte. Un planteamiento que puede resultar ridículo, lo sé, ¿pero alguien se imagina ––por citar un ejemplo muy llamativo y quizá también algo desproporcionado––, a un Sueco riéndose de los chistes sobre las diferencias culturales entre Andaluces y Vascos expuestas en Ocho apellidos Vascos?

Fuerza Mayor II

Sé que no es lo mismo y que Fuerza mayor expone ciertos temas universales y muy genéricos, pero quizá el ejemplo sirva para aclarar mi premisa. La idea de que por algún motivo esas barreras a las que hacía referencia no se me presentan con ningun otro cine o nacionalidad. No con el resto de países Europeos, digamos del sur. No con el norteamericano, el sudamericano, ni tampoco incluso con el asiático, a pesar de que a priori este último podría parecer el más complejo de decodificar para un occidental.

Tercero: El maldito Vivaldi y sus cuatro estaciones Concierto Nº2 – Verano, en Presto. La película utiliza esta pieza como acompañamiento musical, podría decirse, al ejercer de nexo de unión entre una serie de pequeñas secuencias de montaje, que para el espectador suponen una representación visual de la misma inestabilidad y perturbación a la que sus protagonistas se están viendo abocados.

Eso está muy bien, pero ¿por qué darle tanta importancia a la banda sonora? Muy simple ––y aquí permitid que sea sincero–– la pieza en particular me da miedo. Así, como suena, por increíble que parezca. Quizá debiera matizar, y con ello el lector me entenderá mejor, aclarando que ese miedo desproporcionado que quizá pueda imaginarse que provoca en mi no es un efecto que se acerque hacia formas de completa inestabilidad como son el desentendimiento con la realidad, la desesperación extrema o el llanto ––como si llegan a padecer los personajes en el film. No al escuchar la música, claro está, pues está es extradirgética y ajena a ellos, sino con el incidente que les acontece y el trauma que de ello se deriva. Aunque sobre eso hablaremos un poco más adelante–– pero sí produce una clara alteración de lo que sería considerado un estado normal, de reposo físico y mental, en pos de una deformación de esas formas estabilizadas y estabilizadoras, en pos de la duda y la tensión constante. Perturba mi mente, tanto en su vertiente consciente como en la inconsciente, y la conduce hacia el tormento y el desgaste. Así que desde el mismo momento en que escuché sus primeras notas ––muy temprano en el film––, y reunidos ya los tres elementos citados, supe que este sería un visionado digno de recordar. Y desde luego lo ha sido. Pero continuemos.

Fuerza Mayor V

Procedamos a centrarnos ya en la película, así pues ¿qué es lo que convierte su visionado en una experiencia tan hipnótica como perturbadora? Que te atrapa como espectador y no te suelta hasta beber el último sorbo de vitalidad que hay en ti. La respuesta es, de nuevo, esa disección a la que son sometidos sus protagonistas: una familia de clase media–alta que pasa sus vacaciones practicando esquí en algún remoto lugar de los Alpes. No obstante, y a raíz de un incidente y del traumatismo posterior que acontece, la relación entre los personajes del padre y la madre sufre un severo cambio. Este incidente es en realidad una experiencia cercana a la muerte, o así lo creen sus protagonistas, pues la clave del asunto radica en el comportamiento y las decisiones tomadas por cada uno de ellos durante ese instante de duda y miedo. Es durante el mismo cuando se planta el germen del conflicto, pero no es hasta después que somos conscientes de su existencia, para una vez detectado, no poder hacer otra cosa que limitarse verlo desarrollarse. Así pues será durante el día a día, y siempre bajo el camuflaje de la inocente cotidianidad, que la turbia semilla crecerá, alimentada por el propio rechazo a la existencia de la misma.

Todo este proceso es llevado a cabo de forma natural, pero muy calculada también. Un suspiro conduce hasta una mirada que evita encontrarse con la otra, y la incomunicación conduce al silencio. Y una vez llegado él, nada queda. Toda una sucesión de pequeños ––pero intensos–– acontecimientos, tensiones y situaciones que encaminará a los personajes por un incómodo sendero al tiempo que pone a prueba esa cualidad humana que nos diferencia, entre otras, de las especies primitivas: la conciencia. El miedo, la mentira y la obligación de cumplir con nuestro rol dentro de la familia, tanto como debemos cumplir con nuestro rol en la sociedad. Empujar para que el engranaje que nos une a todos no se oxide.

Fuerza Mayor IV

En este sentido es especialmente relevante el papel del padre, en la piel de hombre y cabeza de familia, que ha de desempeñar tanto en la intimidad del hogar como de puertas hacia fuera, y del que tanto se espera. Éste es el personaje al que más vemos sufrir, atado por unas normas y unos convencionalismos que le prohíben sincerarse, desahogarse o buscar apoyo, pues tal cosa sería percibido como una muestra de debilidad. La consecuencia no puede ser otra que el inevitable cese de la represión sobre todos esos elementos censurados, que habiéndose acumulado en forma de cargas psíquicas, se ven forzadas a salir a la superficie de un modo u otro. La duda aquí es, ¿qué apariencia tomarán a su salida?

Con las cuatro estaciones Concierto Nº2 – Verano, en Presto, sonando en mis auriculares me despido. Curioso que esta pieza trate de describir la estación veraniega, cuando en la cinta tanto se asocian sus acordes los paisajes nevados, que mucho recuerdan a los de cierta película de terror de Stanley Kubrick. Si bien siendo sinceros, y sin ánimo de hacer comparaciones vagas, la presente me aterroriza más. Estoy empezando a pensar que debería dejar de escuchar esta pieza a altas horas de la madrugada. Nada positivo puede salir de aquí.

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