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Yo, él y Raquel: el paradigma del cine indie

  Yo, él y Raquel

Yo, él y Raquel es la traducción al español de la película Me and Earl And The Dying Girl (Alfonso Gomez-Rejon, 2014), un film que bien podría servir de perfecto ejemplo para definir el cine indie USA, pues en ella encontramos muchos de los elementos que etiquetan a una producción como «cine indie».

Ahora bien, definir con milimétrica exactitud los marcos que encuadrarían a una película dentro del género del cine indie es una larga y ardua tarea que no vamos a realizar hoy aquí. No obstante, es una tarea que tenemos pendiente y cuando llegue el día podrás ver un enlace ––aquí–– que te llevará hasta el citado futuro artículo. Pero ese día todavía no ha llegado. Lo que por el momento sí vamos a hacer en esta crítica es subrayar algunas de las cuestiones fundamentales que caracterizan al cine indie, reduciendo éstas a básicamente tres puntos: elementos argumentales, narrativos y estéticos.

Por lo que atendiendo a estos últimos, lo primero que merece la pena destacar es que el título original del film ––Me and Earl And The Dying Girl–– casa mucho mejor con el tono narrativo, argumental y hasta emocional de la película. En ella, abunda el diálogo rápido e ingenioso como método no tanto para hacer reír a carcajadas al espectador, sino como gancho con el que mantener la atención del público todo momento. Romper con la pasividad con la que el espectador suele visionar una película, al limitarse las funciones de éste a las de mero contemplador de las imágenes que desde la pantalla se le lanzan; aunque ello a la vez, también, obligue a la audiencia a mantenerse en un estado de constante alerta, si no desea terminar perdiendo mucha de la información que el film suelta.

Yo, él Raquel

 

Si bien cabe reconocer que la puesta es escena de Alfonso Gomez-Rejon se muestra siempre tan hábil e ingeniosa como la historia y los diálogos mismos, haciendo esta tarea de atención menos pesada, y asegurándose de la que información importante siempre llega a oídos del espectador.

Asimismo la estructura diferenciada en muchos y pequeños bloques, consecuencia, imagino, de haber mantenido la separación por capítulos de la novela escrita por Jesse Andrews en la que se basa el film ––salpica de gran frescura al conjunto de la película––; un todo «indie» que quizá solo se ve disminuido o mermado en su desenlace, que si bien, por otra parte, es mucho más satisfactorio de lo que otros finales de cintas similares son.

Pues aunque el drama llame a su puerta, el alma de la película se asienta sobre la comedia, y la combinación de ambos elementos se siente artificial y forzosa. Una imposición por seguir reglas y cánones narrativos más propios de un cine convencional que independiente. Es por ello que falla cuando la primera trata substituir de la segunda. Aparcando un humor, que por cierto, se debe al abundante diálogo y la constante sucesión de acontecimientos, cuyo origen radica en la película de Howard Hawks titulada La fiera de mi niña (1939). Un dato que no pasa de curioso, pero que adquiere mayores matices cuando nos topamos con que la película protagonizada por Thomas Mann, RJ Cyler y Olivia Cooke está repleta de referencias cinéfilas e incluso sus personajes se dedican a rodar sus propias películas, que no son sino una parodia de algunos de los títulos más emblemáticos de la historia del cine, como lo es la película citada.

Yo, él y Raquel

 

Lo cierto es que, y por ir acabando, Yo, él y Raquel ––cinta que por cierto se alzó con el premio a la mejor película en el Festival de Sundance, así como con el premio del público–– deja, tras su visionado, un sabor de boca mejor del esperado tras la primera impresión que deja el visionado su tráiler. Un film que, en caso de haber disfrutado, se aconsejaría al lector que continuara la experiencia con otros títulos tan gratificantes como el presente. Sirvan como ejemplos este, este o este otro.

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