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The Spectacular Now: Amor adolescente de primavera


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The Spectacular Now ––traducida en España por ‘Aquí y ahora’ (James Ponsoldt, 2013)–– narra la historia de Sutter Keely, un estudiante que se encuentra en su último año de instituto. Él es popular, juerguista y desenfadado, y junto a su novia forman la pareja más entrañable de la escuela. Cualidades que funcionarían perfectamente en su correcta medida, tanto juntas como por separado, pero que en Sutter están totalmente fuera de control, hasta afectarle por completo y convertirlo en un joven sin motivación ni aspiraciones. Por otra parte la película también nos presenta a Aimee Finicky, una joven dulce, tímida y más bien solitaria. Alejada del ese mundillo de adolescente popular en el que tanto se aferran otros alumnos como Sutter. Ella también se encuentra en su último año y comparte instituto con Sutter, pero nada más. Hasta ahí la única cualidad que los une, siendo a través de sus diferencias el hilo por el que se conducirá la trama de la cinta.

Film que ya desde el comienzo destaca por su honestidad a la hora no solo de presentarnos a los personajes y su historia, sino que lo hace también por el tratamiento que hace de éstos. Tanto de su pareja protagonista como del resto del reparto. La película se presta a reflejar lo más fielmente posible la historia que nos cuenta, y como tal, su apuesta pasa por situar a los personajes en un mundo real, alejándose de los más que explotados tópicos sobre el cine de amor e instituto americano. Pues, afortunadamente, The Spectacular Now no es así y como tal la acción se traslada a un instituto real, con estudiantes reales. Pretendiendo con esto resaltar un detalle que muchas veces pasa desapercibido cuando no debería ser así, esto es, que los actores que actúan en el film interpretan a estudiantes y no a capitanes del equipo de rugby, jefa de las animadoras, aspirantes a estrellas del rock o cualquier otra profesión con la que el público que suele consumir este tipo de productos vea reflejadas sus aspiraciones o sueños. Por el contrario, aquí no tenemos que lidiar con la farsa de hacer pasar a todo un escaparate de treintañeros, con cuerpos esculpidos y senos turgentes, como si de estudiantes de diecisiete años se trataran. No, el reparto de la película casa con los personajes de la historia y esto, en comparación con todo el arsenal de films que realizan el ejercicio contrario, es de agradecer por muchos motivos, siendo el más destacable de todos el que con ello se apueste por una narración limpia, cercana y que busque aproximarse a la realidad. Parece increíble que para llegar a esto necesitemos recurrir a la mirada más personal y artística, propia de este tipo de cine más independiente, y que el resto de géneros, más convencionales y extendidos, se dediquen precisamente al ejercicio contrario: distorsionar la realidad en lugar de tratar de plasmarla.

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Dejando este último tema a parte y volviendo a la cinta en cuestión, es necesario comprender que la suma de ambos personajes –– Sutter y Aimee–– da como resultado una lógica relación de altibajos. Con sus buenos y sus no tan buenos momentos que nos atrapan y asfixian como si sus conflictos nos afectaran a nosotros mismos. Pues el film da lugar a un sin fin de magnificas secuencias, que destacan por su intimidad, la misma con la que nos acercamos a Sutter y Aimee; secuencias que nos envuelven y nos atrapan en ese aura tan mágica como cercana.

En un momento concreto del film, a orillas de un lago, la pareja camina alejándose del resto de adolescentes y de la pequeña fiesta que allí hay organizada, y al igual que ellos sentimos como, poco a poco, nos adentramos en la maleza al tiempo que se nos hace participes de la intimidad que ambos comparten durante el paseo; de esas miradas que ambos intercambian, de sus gestos, de cada sonrisa que se dibuja en sus rostros, de cada palabra que sale de sus labios o de las que no lo hacen, de cuando dejan paso al silencio y conversan únicamente mediante sus gestos… incluso comenzamos a percibir ese ambiente primaveral que decora el paisaje y que ayuda a despertar el amor adolescente, ese verdadero y primerizo que florece como flor de primavera.

Y tan conmovedor como resulta estos mágicos momentos, ese primer amor que nunca se olvida, tan impactare resulta, también, en los malos momentos. En los que somos testigos de como, en ocasiones, esa inocencia con la que ha sido bendecida la pareja, más ella que él, se tambalea peligrosamente. Peligra hasta el punto de desaparecer y hacer comprender a sus protagonistas que detrás de toda esa inocencia hay un lado más amargo y oscuro, que se ve materializado en el la película por medio de la adultez. Esa misma que les espera a la vuelta de la esquina y que, de caer su peso sobre sus hombros, les acabaría destruyendo por completo. Les haría comprender que ese amor adolescente, ese romance primaveral, no existe ya por más tiempo. Ha tocado fin del mismo modo que la romántica primavera y el cálido verano rozan el final de sus días al tiempo son desplazados por el aciago otoño.

 

 

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