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Mucho ruido y pocas nueces: Shakespeare y el cine indie

Much Ado About Nothing

Dirigida por Joss Whedon, cineasta que ahora todo el mundo conoce tras haber dirigido la exitosa adaptación de Los Vengadores (2012) –– y cuya secuela se presenta ahora–– nos llega esta otra adaptación, si bien en esta ocasión la obra original no procede del mundo del cómic sino del teatro. Mucho ruido y pocas nueces (Much Ado About Nothing, 2012) es una nueva versión de la obra de Shakespeare, tras la ya conocida adaptación realizada ––y protagonizada–– por Kenneth Branagh en 1993, quien además de haber llevabo a la gran pantalla obras de Shakespeare, como hace Whedon con la presente película, también ha dirigido una de las llamadas películas del universo Marvel ––Thor (2011) para ser más concretos––. Pasando ambos cineastas a compartir este curioso hecho ––si bien de casual tiene poco, pues Branagh fue elegido para dirigir al héroe del martillo precisamente por su conocimiento de la obra de Shakespeare, añadiendo así ciertos elementos procedentes obra del dramaturgo inglés––. No es causalidad que en la citada Los Vengadores de Whedon, Tony Stark se mofe de Thor en ese pequeño diálogo que dice:

––Thor: ¿Sabes acaso con qué estás lidiando?

––Stark: ¿Con una obra de Shakespeare? ¿Sabe vuestra madre, que os vestís con sus ropajes?

 Much Ado About Nothing II

Aunque puede que no sea su intención, Mucho ruido y pocas nueces se presenta como una “versión moderna” de la obra del mismo título, no por ser más reciente en el tiempo que la cinta del 93, sino por trasladar el desarrollo de los acontecimientos hasta nuestros días. Así algunos de sus principales personajes masculinos dejan de ser soldados ceñidos en su armadura que llegan de la guerra, para convertirse en hombres de negocios vestidos con traje y corbata. Desgraciadamente los cambios en esta puesta al día no llegan mucho más allá. El cambio de escenarios en el que toma lugar la acción merece destacado también, pero nada más. Hecho, por otro lado, que no cambia que el desarrollo de la historia y de los acontecimientos se mantenga fiel a la obra del siglo XVII.

A nivel personal he de añadir que es una lástima. No porque juzgue negativamente la calidad de la obra original, sino porque esperaba con ansias comprobar como había llevado a cabo Whedon la tarea de adaptar la obra en un guión de cine. Guardaba la esperanza ––y la ilusión–– de que esta nueva versión únicamente tomase como punto de partida los personajes, así como un esbozo general de la historia, y que a partir de aquí que la película jugase a trasportar a nuestro tiempo, y a nuestra sociedad actual, los conflictos y enredos que por amor y desamor, celos y envidias, alianzas y traiciones se producen a lo largo de la trama. Que se reescribiesen y modernizasen los diálogos ––incluso a pesar de que esta idea pudiera significar el total alejamiento y pérdida del estilo shakesperiano––. No obstante, no ha sido así. Desafortunadamente la adaptación es un calco de la obra original y los diálogos se recitan tal y como fueron escritos en la obra teatral palabra por palabra.

 

Much Ado About Nothing III

Los mayores cambios en cuanto al diálogo corresponden a alguna de las líneas del personaje de Dogberry, y se seguramente se deban al quehacer del actor que lo interpretaba: Nathan Fillion. Si bien estos son conjeturas personales más que información contrastada. Y creo esto porque para la representación del personaje de Dobberry en la obra original ––que venía a ser el personaje cómico por excelencia de la obra junto a Verges–– Shakespeare eligió al actor William Kemp para interpretarlo, quien en la época gozaba de reconocido prestigio debido a sus dotes humorísticos. En el film que nos ocupa Whedon entrega el papel a Fillion, actor con quien ya trabajó en la serie Firefly (2002) ––y en su posterior adaptación cinematográfica Serenity (2005)–– y que últimamente ha adquirido cierta relevancia gracias a la serie Castle (2009––). Trabajos todos ellos en los que queda plasmada su predisposición hacia el humor. De ahí que recaiga sobre Fillion el papel cómico en Mucho ruido y pocas nueces, y de ahí nuestra creencia de que algunas sus frases, las únicas que originalmente no estaban en la obra, no sean sino aportación del propio actor. Pues éste parece reclamar su autoría por encima incluso del propio Whedon.

No obstante, la cinta no alcanza las cuotas de comedia que seguramente buscaba. Lo irracional de mantener los complejos y elaborados diálogos shakesperianos frente a unos gags infantiles ––y no demasiado bien llevados a cabo–– no da los resultados esperados. Sí que llegan a ser, por otra parte, muy recomendables algunas otras escenas de alta carga dramática, gracias al la conseguida pasión de algunos de sus actores, por mucho que todos esos esfuerzos parezcan, en ocasiones, perderse sin una clara dirección.

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