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Enough Said: Volver a empezar

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Enough Said (‘Sobran las palabras’, Nicole Holofcener, 2013) narra la historia de Eva, una madre divorciada que debe sacar adelante su casa al tiempo que ha de encontrar tiempo para cuidar de su hija, quién está a punto de mudarse a la universidad. La vida parece no terminar de ‘tratar del todo bien’ a Eva, hasta que un día conoce a Albert, un padre divorciado que atraviesa por su misma situación.

He destacado el comentario anterior entre comillas porque no resulta del todo cierto. Para alguien que no haya visto el film y únicamente conozca de él la breve sinopsis antes descrita, podrá pensar de forma muy distinta sobre a qué hace referencia esa ‘situación desfavorable’ que envuelve al personaje de Eva, pudiendo esta percepción verse alterada por los tiempos que corren y la amarga situación a la que mucha gente se ha visto expuesta. No obstante, y visto desde esta última perspectiva, la vida de Eva no es para nada desafortunada ni detestable, si bien está todavía está de ser la vida con la que una persona soñaría, puestos a elegir, a pesar de que ésta posee casa propia, coche propio, trabajo, una hija que la quiere, tiene cubiertas sus necesidades básicas, dispone de buena salud y vive una vida sin excesivo estrés. Entonces, ¿por qué no iba alguien a querer estar en su piel? Bueno, por supuesto que alguien que se encuentre en peor situación preferiría la vida de Eva a la suya, pero a lo que pretendo llegar con todo esto es a analizar con mayor detenimiento la idea que da vida e impulsa el film. Vayamos por partes. Una vez contextualizado el personaje de Eva como parte de la ‘sociedad del bienestar’, esa que ––supuestamente–– cuida por que nuestras necesidades más básicas queden cubiertas, no teniendo ya que preocuparse más por ellas como todas las antes descritas, entonces ¿qué hay que temer o de que hay que preocuparse?; una vez formamos parte de una sociedad que ya ha subsanado esos problemas ¿qué es lo que queda?. Pues queda una sociedad compuesta por personas que a medida que pasa el tiempo son cada menos capaces o dadas a tolerar, comprender y escuchar a otras que no sean ellas mismas ni sus problemas. Queda un trabajo que nos acompaña y amarga durante el resto de nuestra vida. Queda una hipoteca que nos ahoga mes tras mes, año tras año. Quedan innumerables bienes materiales que no necesitamos pero queremos. Queda un gran vacío, como seres humanos en nuestro interior: ya no creemos en nada, ya no amamos, ya no sentimos, hemos olvidado como sabía la felicidad… y queda también una, en principio, una mayor esperanza de vida. Más años por delante que, sumados al cambio de mentalidad que ha vivido la sociedad occidental durante las últimas décadas da como resultado la posibilidad, la casi necesidad, de tener vida después del matrimonio –– especialmente si este ha resultado fallido––, más allá de la llegada de los hijos y de la responsabilidad como padres. Una segunda juventud, se podría decir. Parejas que, o bien no han sido capaces de mostrar la tolerancia, respeto y paciencia necesarias, o bien han descubierto, con el paso del tiempo, que no eran compatibles. Que no podían seguir juntos y han decidido separarse. Una vida más larga para un amor más corto. Este es el punto de partida de la película, pues sus protagonistas, al igual que ocurre a muchas otras parejas en la actualidad ––o exparejas–– se topan de frente con una situación con la que no contaban. De la que no existen ––aún–– demasiados precedentes y que no saben del todo bien como resolver. Nadie les había preparado para esta situación, nadie siquiera les había advertido, pues ella se aleja del esquema de vida tan arquetipado y planeado que la sociedad moderna nos impulsa a seguir: nacer, colegio, instituto, universidad, trabajar, casarse, tener hijos, jubilarse, tener nietos, fin.

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Nuestros protagonistas son padres, tienen responsabilidades, un trabajo por cumplir y facturas que pagar, pero aún no han envejecido, e incluso aunque lo hubieran hecho, seguirían necesitando de algo que llenara el vacío que hay en sus vidas. Lo que conduce, en muchas ocasiones, hacía una regresión o vuelta a aquello que antes hacíamos para ser felices, y que se traduce en una segunda juventud. Habiendo dando por asentadas sus vidas en el momento en que se convirtieron en padres pero que, tras el divorcio, se ven de vuelta atrás en el tiempo, reviviendo una etapa anterior no por repetición, sino por que se ha alzado como un nuevo paso en la vida que sin embargo no costaba en sus planes.

Quizá pueda parecer demasiado dramático o drástico tal y como está expuesto arriba ––en la vida real habrá casos más duros y otros menos–– pero lo cierto es que el film apuesta por enfocar el problema desde su perspectiva más esperanzadora y vivaz, aunque no por ello pecando de dibujar una historia sosa o excesivamente unidireccional. Adentrándose así en esos años desconocidos que mucha gente de mediana edad se ha visto forzada a explorar, ofreciendo una visión que vista en conjunto es demasiado optimista, eso sí.

Para quién conozca a Tony Soprano y haya disfrutado de su compañía con la que es una de las mejores series que ha escupido la televisión, la interpretación de James Gondolfini no le puede parecer menos que embaucadora. Casi mágica. Parece rodear de un aura especial a cada secuencia en la que hace acto de presencia, sobretodo si se tiene en cuenta que fue uno de los últimos papeles que interpretó. Con una actuación sobria y muy alejada del registró al que nos acostumbró en la magnifica serie de la HBO. Aún así, y casi lamentándome de tener que decirlo, su compañera en el reparto y absoluta protagonista de la cinta, Julia Louis-Dreyfus ––Eva–– es quién merece los mayores halagos de entre un reparto de actores que cumple sobradamente.

 

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