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DOPE: 90s indie music

Dope III

90s music es el título de una canción de una artista, a la que mucho admiro, conocida como Kimbra y cuyo tema, éste, viene incluido en su último álbum (The Golden Echo, 2014) —nosotros tan solo hemos añadido el vocablo indie de por medio, siendo esta mezcla de conceptos lo que a continuación nos proponemos justificar—, en lo que resulta ser un canto a los años 90 no por una vuelta formal a los cánones musicales de aquella época, sino por la utilización de un imaginario puramente estético —o un intento de ello— que se ha ido creando en la sociedad sobre lo que fueron, a grandes rasgos, aquellos años. Es decir, un intento de regresión a los 90 mediante la reproducción de ciertos códigos, más formales que de fondo, más transgresores que fieles a la realidad, y que aluden en el espectador medio a la imagen de aquella época. Esto es lo que Kimbra pretendía con su canción 90s music, más allá de revivir viejos cánones musicales. Lo que en realidad estaba haciendo la artista era plasmar en una canción la huella cultural que había permanecido, o se había formado en ella, de los años 90. Una imagen más fuerte y especial todavía si cabe si tenemos en cuenta que esos fueron los años de su infancia. Si a la imagen idílica y sobrestimada que ya de por sí se tiene de todo recuerdo —cualquier tiempo pasado siempre fue mejor—, le añadimos además que en esta ocasión se trata de recuerdos formados durante la infancia, la impresión que de él se tiene será todavía mayor. Algo parecido es lo que sucede con Dope.

Dope I

 

Dope (Rick Famuyiwa, 2015) es precisamente el mismo caso que 90’s music solo que trasladado al cine indie. Dope es una especie de suerte por recuperar esa estética propia de los años 90 y que tanta nostalgia y recuerdos evoca, antes que cualquier intento minimamente serio por recuperar elementos narrativos, o de cualquier otro tipo, propios de cine de aquella época. Recuperar el recuerdo que se tiene de los 90, pero el recuerdo conservado —y construido— gracias a la cultura de masas y a la versión más comercial y feliz que se puede tener de aquellos años. Un recuerdo, o mejor dicho un imaginario colectivo, que ha sido fuertemente moldeado por internet en los últimos años.

Dope II

 

Viendo Dope podría parecer que esa década se redujo a unos cuantos videojuegos y grupos musicales populares. Por mucho que el conflicto racial y de clases esté presente en la película, que lo está, siempre queda en un segundo plano y tratado de la forma más vanal y superficial. Como si todo fuera alegría y diversión. Tampoco se le puede exigir al film que no sea así, pues recordemos que se trata de una comedia: una de cine indie USA. Por lo que al final todo queda reducido al servilismo hacia un tipo de espectador que con toda probabilidad no vivió aquellos años, o de haberlo hecho, no con la madurez como para tener un recuerdo no distorsionado por los mass media. Como le pasaba a la propia Kimbra. Claro que tanto ella, como Dope, adolecen del mismo pecado: su intención nunca fue ser fieles a la realidad. No. Su propósito era, aprovechando precisamente esa fuerte corriente indie que a ambos les caracteriza, el saltarse las reglas formales y narrativas y buscar la construcción de una imagen que pueda alzarse como representación de esa idea que se tiene de los 90 mediante, precisamente, la deconstrucción de los elementos de mayor fidelidad y realismo. Aprovechar el margen que brinda la excusa lo artístico para construir un puzzle mediante la alocada y frénetica mezcla de muchos y distintos puzzles, pero puzzles que dibujan todos ellos imágenes de los 90.

 

 

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